martes, 25 de agosto de 2009

No sabía si tenía frío o era el sudor helándose. Me costaba respirar, casi no podía levantar las rodillas para correr, nunca me había sentido tan pesado, tan torpe y tan carente.
Trataba de huir, de alejarme lo más posible, pero solo atinaba a correr casi en círculos, en una espiral de mierda, en donde no tenía aire ni fuerzas para mantener la huida. Escuchaba sus insultos y sus gritos, me perseguía, me emboscaba, lanzaba golpes, casi parecía estar jugando conmigo. Me respiraba en la nuca, me gritaba, me insultaba.

- Usted cree en Dios? - Gritaba, al tiempo que daba un golpe de hacha, - Usted cree en Dios? -

Y cuando por fin entendí lo que me gritaba, desperté.